Semana del Libro con Anna Casanovas

miércoles, 22 de abril de 2020

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¡Hola! Estamos en el ecuador de una semana cargada de celebraciones virtuales, ¿ya habéis apuntado todos los directos que queréis ver? Seguro que sí, y que pasáis un rato genial intercambiando opiniones o haciendo preguntas a vuestros autores y autoras favoritos.

De todo es bien sabido que Anna es para mí una autora especial por muchas razones, las he contado otras veces, y que cada vez que le propongo algo para el blog y me dice que sí, me emociono. En esta ocasión son Miguel y Cata, protagonistas de Carolina y Los Valientes, su último libro publicado con Titania y ganador del Galardón de Letras del Mediterráneo.

Es una historia completísima que te lleva hasta la historia reciente de España, en un momento convulso, de transición entre el pasado lleno de represión y un futuro de libertades que por momentos se vislumbraba lejano; todo ello con una parte de investigación emocionantísima y con una pareja que tiene unas escenas fantástica, con tensión, con mucha conexión, con grandes secretos que desvelar y en definitiva, por las que no puedes dejar de leer el libro.

Os dejo con las palabras de la propia Anna antes de que leáis lo que supone un Sant Jordi para un autor primerizo:

«Los protagonistas de esta escena son Miguel y Cata, dos de los personajes protagonistas de Carolina y los Valientes, mi última novela. Podéis leerla tanto si habéis leído la novela como si no. No hay ningún spoiler. En serio. Ninguno. Excepto, claro está, que la pareja protagonista acaba bien y, si me lo permitís, este año los finales felices son más necesarios que nunca.
Feliz Sant Jordi y feliz día del libro.

Si habéis leído la novela, creo que os encantará ver cómo están Miguel y Cata y también otros personajes de Carolina y los Valientes ;-)

Gracias, Sara por invitar a Cata y a Miguel a pasar este día tan especial en tu casa.

Sant Jordi 2019»



«Hay muchos días para publicar un libro, trescientos sesentaicinco para ser exactos, sesentaiséis si es año bisiesto. Y años hay muchísimos, se pueden publicar libros incluso después de muerto, puedes dejar que tus herederos se ocupen de ello. O puedes no publicarlo nunca. Esa es la opción más sensata.

—En qué estaría pensando, esto es una locura.

Miguel abandonó la idea de dormir y se sentó en la cama. Hacía meses que no le despertaban las pesadillas y sin embargo esa última semana apenas había conseguido descansar. No había encendido la luz y estaba apartando la sábana cuando notó la mano de Cata en la espalda.

—Lo siento —susurró— no quería despertarte.

—No importa. —Ella dibujó círculos con la palma por encima de la piel de él y Miguel cerró los ojos y soltó el aliento—. Yo siempre acabo despertándote cuando regreso o voy a una guardia en el hospital. Siempre me tropiezo con algo que has dejado tirado por la habitación —bromeó con la intención de seguir relajándole y también le depositó un beso en el hombro desnudo al sentarse detrás de él—. ¿Es por lo de mañana, por Sant Jordi?

A Miguel se le escapó una risa ahogada.

—Claro que es por lo de mañana. ¿Qué voy a hacer, Cata?

—¿Cómo que qué vas a hacer? Vas a ir a firmar libros a las librerías que te lo han pedido y después iremos a cenar con nuestros amigos.

Miguel dejó caer la cabeza y hundió los dedos en el pelo.

—Yo no pinto nada en Sant Jordi.

—Cariño. —Cata se levantó, encendió la luz de la mesilla de noche y se colocó entre las piernas que Miguel ya había sacado de la cama donde seguía sentado—. Tu novela se publicó hace tres meses, Carolina y los Valientes está funcionando muy bien y es normal que los libreros y los lectores quieran celebrar este día contigo. Pintas mucho.

Miguel soltó el aliento, sabía que los nervios eran algo normal, se imaginaba que incluso los escritores que ya habían vivido más de un día del libro los tenían, pero su vida había cambiado tanto en los últimos y tan a mejor que en ocasiones, como esa noche, tenía miedo de que todo fuera un sueño.

—No solo es por lo de mañana. —Llevó casi sin querer las manos hasta la parte trasera de las rodillas desnudas de Cata. Más que sin querer fue un acto reflejo. No podía tenerla tan cerca y no tocarla—. Todo esto es…

—Eh, para. ¿Vas a decirme otra vez que te están pasando demasiadas cosas buenas? —Lo observó sonreír y le acarició la mejilla—. Creía que ya dejado de pensar así.

—Y lo he hecho. —Las sesiones de terapia a las que había empezado a acudir el año anterior sin duda habían ayudado. No pedir ayuda antes había sido un gran error por su parte—. Solo que… —Tiró de Cata hacia él para hundir el rostro en sus muslos—. Sant Jordi, Cata. Tú. Esto.

Se apartó un poco y guio la mirada hacia arriba en busca de la de ella.

—¿Esto? -Cata arrugó el cejo.

Miguel atrapó la mano que ella tenía aún en su rostro y acarició el anillo que le había regalado la noche de fin de año. Habían ido a pasar unos días en Nueva York con el hermano de Cata y justo antes de las campanadas le preguntó si quería casarse con él. Ella tardó unos segundos en responder, segundos que a él se le hicieron eternos, pero lo hizo con un sí, una sonrisa y unos besos que ninguno olvidaría jamás.

—Esto. Todavía estás a tiempo de cambiar de opinión.

—Ni lo sueñes.

Y entonces Cata debió decidir que Miguel necesitaba algo más que palabras para ahuyentar los temores de esa madrugada y capturó sus labios e instantes más tarde el resto del cuerpo y sus pensamientos.



Horas más tarde sonó el despertador y Miguel, desnudo y todavía con una sonrisa en el rostro que dudaba fuese a perder en la vida, se desperezó. Cata, con una sonrisa idéntica y un beso de despedida, ya se había ido a trabajar y él había quedado con Macarena para desayunar antes de ir a la primera librería. Tenía muchas ganas de charlar un rato con su anterior jefa y amiga. Todavía escribía artículos para el periódico, pero ahora como periodista free lance. Lo había sugerido la psicóloga de Miguel en una de sus primeras visitas y lo cierto es que había sido todo un acierto; había recuperado su relación de amistad con Maca y según ella los artículos que escribía él ahora que “era un espíritu libre” eran mucho mejores que los de antes. Por no mencionar que la libertad horaria le permitía adaptarse mejor a los turnos de Cata en el hospital y le dejaban tiempo para escribir. Ya estaba trabajando en su segunda novela, algo que si lo pensaba demasiado le producía una enorme sensación de vértigo. Y felicidad.

Maca lo abrazó en cuanto lo vio, a la directora del periódico le encantaba mantener una imagen de intelectual fría e inaccesible, pero cualquiera que la hubiese visto esa mañana se habría dado cuenta de lo contenta que estaba por ver a Miguel así.

—Te estás engordando —se rio sin soltarlo—. Y no tienes ojeras. Casi no te he reconocido cuando has entrado en el café.

—Yo también me alegro de verte, Macarena. Tú estás tan guapa como siempre.

—Oh, calla. Sabes de sobra que estás insoportablemente atractivo. Suerte que Cata no dejará que se te suban los humos a la cabeza. Adoro a esa chica, no dejes que se te escape.

—Tiene gracia que digas eso, justo hace unas horas le he preguntado si estaba segura de querer casarse conmigo.

Macarena casi escupió el café.

—¿Que has hecho qué?

—Tranquila, dice que sí. Que está muy segura. —Miguel, extraño en él, se sonrojó—. No sé qué haría sin ella.

—Saldrías adelante. —Maca colocó una mano encima de la que Miguel tenía en la mesa junto al café—. Pero me alegro de que la tengas a tu lado. ¿Listo para ir a firmar un montón de libros, señor Autor?

—Listo.



La última librería del día era la de Alba, la mejor amiga de Cata, y la preferida de Miguel porque allí era donde había oído la risa de Cata por primera vez. Él había entrado por casualidad, había ido en busca de un regalo para un recién nacido y, aunque evidentemente un bebé no podía leer, había pensado que entraría a mirar.

Esquivó a tres niñas que salían con mariposas pintadas en la cara de “Una página más”, así se llamaba la librería. Típico de Alba pensar que no tenía bastante con el ajetreo de Sant Jordi y organizar también actividades infantiles.

—¡Miguel! —Alba se le lanzó al cuello—. ¡Feliz Sant Jordi! Ven. —Tiró de él con esa vitalidad tan suya—, siéntate aquí. Ya tienes cola. Te he dejado una botella de agua y una bebida de esas asquerosas que bebéis tú y Cata.

Se refería a té.

—Gracias. Tienes purpurina en el pelo y en la nariz —le señaló él al mirarla.

—Y en partes no tan nobles. —Lo besó en la mejilla—. Vuelvo a la sección infantil. Te dejo en buenas manos. —Señaló la cola de gente que efectivamente lo estaba esperando para que firmase sus ejemplares de Carolina y los Valientes—. Nos vemos luego.

Y desapareció.

Miguel sudó, tembló, charló con un montón de gente maravillosa y descubrió lo que su libro había significado para esas personas. Cada vez que una lectora o lector se despedía de él dándole las gracias por haber escrito esa novela les respondía que no, que era él el que se sentía agradecido. Había sido muy afortunado al poder descubrir y escribir la historia de Carolina, Luis, Tomás, Mateo, Jaime, Inés y de todas esas personas que lucharon por sus ideales en los sesenta. Las canciones del grupo, de Carolina y los Valientes, habían significado distintas cosas para cada uno de los lectores que conocía; una señora había bailado por primera vez con su marido al son de Esta noche, un caballero había escuchado Valientes durante los días que su primer hijo había pasado en una incubadora al nacer antes de tiempo, una chica, una adolescente, le explicó emocionada que el grupo había sido el preferido de su abuela y que ahora ella no podía parar de escuchar las canciones porque así tenía la sensación de que volvía a jugar a damas con ella.

El afortunado era él, de eso no cabía duda alguna y por eso a medida que la cola se fue haciendo corta Miguel decidió que haría todo lo que estuviera en su mano para estar a la altura del cariño de esas personas que habían dado una oportunidad a su novela, a su historia. Porque sí, en la novela se contaba la historia del grupo, de cómo se formó y de por qué desapareció, pero también estaba la suya, la de la mayor aventura que había vivido en la vida.

—Hola, ¿llego demasiado tarde?

Una voz profunda hizo que Miguel, que ya estaba recogiendo sus cosas con intención de ir a ayudar a Alba, se girase de nuevo hacia delante.

—No… —se quedó sin habla.

—Ya, se supone que no puedo estar aquí. —Una sonrisa ocupó el rostro arrugado y todavía muy atractivo de uno de los protagonistas de la novela de Miguel—. Pero ya sabes, los periodistas a veces hacemos estas cosas. Somos como espías.

Miguel sonrió y salió de detrás de la mesa para ir a dar un abrazo al recién llegado.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—No iba a perderme esto por nada del mundo, chaval. —Le devolvió el abrazo con fuerza—. Se suponía que íbamos a darte una sorpresa durante la cena, pero no he podido esperar. Felicidades.

—Gracias. ¿Dónde está tu santa esposa? —Miguel bromeó porque era eso o ponerse a llorar y le había prometido a Cata que hoy solo sonreiría—. Con tu prometida. Quería pasarse por el hospital y saludar a un antiguo compañero de facultad. Se reunirán con nosotros en el restaurante. Mañana nos vamos, haremos un pequeño recorrido por España, ya me entiendes, y después volvemos a Estados Unidos. La próxima visita sorpresa te toca a ti, a no ser que por fin aceptes venir a trabajar conmigo.

—¿Contigo? Has cambiado el verbo. La última vez que hablamos me dijiste: no seas idiota y vente a trabar para mí.

—Sí, en casa me dijeron que tal vez soy un poco brusco y distante.

—Me lo imagino.

—¿Eso quiere decir que aceptas?

—No. Eso quiere decir que tal vez hable con Cata y si algún día los dos decidimos irnos a vivir a otro país te llame.

—Eh, Miguel y su amigo el interesante señor misterioso que parece Alec Guiness, ¿me ayudáis a recoger para que podamos irnos a cenar?

—Por supuesto, señorita que parece Lucy Lui. Me cae bien esa chica.

—Y a mí —respondió Miguel—, aunque su mal humor es legendario. Será mejor que la ayudemos.



Regresaron a casa a las dos de la madrugada, Miguel estaba agotado y Cata exhausta pero ninguno de los dos tenía sueño o ganas de que aquel día terminase. Ella sujetaba entre dos dedos la preciosa rosa roja que él le había regalado nada más verla en el restaurante y guardaba en el bolsillo de la chaqueta la nota que había acompañado a la flor. Él llevaba metido en el bolsillo la edición preciosa de Peter Pan que ella le había regalado con una dedicatoria muy especial.

—¿Sabes una cosa? —Cata estaba mirando las estrellas, se habían detenido en el portal.

—¿Qué?

—Peter Pan fue un idiota al no quedarse con Tigrilla.

Miguel sonrió, en su casi primera cita (así se referían al café que se habían tomado juntos la tercera vez que se encontraron por casualidad) habían hablado de eso.

—Lo sé.

Después se giró hacia ella y la besó despacio.

—Te quiero, Catalina.

—Y yo a ti, Miguel. Feliz Sant Jordi.

—Contigo, Cata, soy feliz siempre.

Ella sonrió o quizá empezó él y la sonrisa se le contagió a ella y se dieron un último beso antes de entrar en casa.»


Espero que con este relato os vayáis ambientando para la celebración de un día del libro atípica pero en la que tendremos que mantener toda la ilusión. Yo lo haré :)

Contadme, ¿qué os ha parecido reencontraros con Cata y Miguel? Si no la habéis leído aún, ¿qué vibraciones os dan estos protagonistas?

Muchas gracias, Anna Casanovas ;)

Carolina y Los Valientes, Anna Casanovas

lunes, 9 de septiembre de 2019

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Título: Carolina y Los Valientes
Autora: Anna Casanovas
Género: narrativa romántica contemporánea
Editorial: Titania
Sinopsis:
El verano de 1965 Carolina y los valientes cantaron con los Beatles en Madrid y en Barcelona, el país entero conocía sus canciones y el resto del mundo estaba dispuesto a enamorarse de ellos, pero en 1966 desaparecieron de los escenarios y nadie ha vuelto a saber de ellos.
Esta es la historia de un chico y de una chica que se conocieron en Benicàssim una noche de 1963 y se atrevieron a defender sus sueños: ella, Carolina podía ir donde quisiera, conseguir lo que desease y llegar tan lejos como su inteligencia, su personalidad y su talento la llevasen. Él, Luís, estaba atrapado en un país donde tener ideas podía acabar con todo. Pero se conocieron y no quisieron rendirse.
También es la historia de un grupo de amigos, Carolina, Luís, Jaime, Tomás, Mateo, Inés, Hugo que se quisieron por encima de todo, que estuvieron siempre los unos al lado de los otros y que juntos hicieron lo imposible: tener esperanza y luchar por lo que era correcto, aunque eso significase perderse.
Y es la historia de una chica, de Cata, que las navidades del 2017 decide descubrir la verdad sobre su familia, y la de un periodista, Miguel, que ya no cree en nada hasta que una vieja canción de Carolina y los valientes le recuerda que hay ideas por las que vale la pena vivir, respirar y amar. Ahora y siempre. Porque tal vez el único modo de entender el presente es recuperando nuestro pasado.

Emocionante. Creo que es la palabra que mejor define mi estado al leer esta historia y engloba cada momento que he tenido el corazón en un puño, las sonrisas que me ha arrancado y la complejidad que entraña contar cada pieza que compone esta novela tan especial. Por fin llega lo nuevo de esta fantástica escritora, imprescindible en la romántica y con este libro da un paso más porque expone a sus personajes a situaciones límites, tanto en el pasado como en el presente, que tienen que ver con un contexto sociopolítico convulso. No me extraña nada que haya ganado el galardón de letras del Mediterráneo 2019, es un libro de premio!

Voy a comenzar a hablarte de Carolina, esa joven que roza la mayoría de edad y que veranea con su familia en Benicàssim; estamos a mediados de los años 60 y la situación en España es opresiva, con un ambiente de represión más o menos evidente aunque queriendo dar una impresión de libertad, de cara al exterior, inexistente. El padre de Carolina es un diplomático inglés y al vivir en Londres le da una perspectiva totalmente distinta a la de las chicas de su edad, y aunque su madre sea de todo menos cariñosa, su padre ha sabido darle la confianza en sí misma necesaria para enfrentarse a todo lo que se le ponga por delante.

Luis es un joven universitario que regresa a casa, a Benicàssim, desde Madrid los veranos para ayudar a su familia trabajando. Consigue un empleo en el hotel del pueblo y una noche, en la playa, mientras esté tocando su guitarra, conocerá a Carolina.

La conexión que sienten a través de la música es muy fuerte, pero sus situaciones personales no les permiten hacerse ninguna promesa ni ir más allá de unos encuentros nocturnos a lo largo del verano; sin embargo, esa semilla de aquel verano del 63 crecerá a lo largo de los meses y se convertirá en algo mucho más profundo que tendrá que enfrentarse no solo a los prejuicios de la época sobre la mezcla de las clases sociales, sino también a las envidias generadas y lo que eso suponía en esos años cuando se metía de por medio el Régimen.

Ver el recorrido que hacen ellos y todos los amigos que se les unen por el camino hasta desembocar en el grupo que da nombre a la novela es magnífico y es que conseguirán, nada más y nada menos, que ser los teloneros de los Beatles en España! Esta parte del pasado es más coral porque ves atisbos de la historia de cada uno, de Mateo y su hermana Inés, Jaime, Tomás y Hugo. Además, vas a poder ir leyendo la letra de las canciones que componían el disco de Carolina y los Valientes y cuánto significado encierran esas estrofas. 

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La historia actual cambia totalmente el ritmo y va entremezclándose con el pasado. Cata llega a Barcelona para trabajar en un hospital después de dar vueltas con su familia por medio mundo porque aunque haya crecido viajando, por primera vez, siente que podría echar raíces en España, país que su familia nunca ha visitado a pesar de haberse movido muchísimo a lo largo de los años. Sus padres y abuelos se han afincado en California y ella conoce, por casualidad, a un periodista que lo cambiará todo.

Miguel es un personaje fascinante con multitud de sombras y capas que vas descubriendo poco a poco. Al principio es todo misterio y solo puedes intuir que su pasado cercano está lleno de dolor, que ha perdido la ilusión por su trabajo y que se mueve por inercia. Su jefa y amiga le encargará un artículo sobre una exposición que conmemora la visita a España de los Beatles y ahí verá el disco de Carolina y los Valientes, el grupo favorito de su madre, y una pequeña llama de curiosidad se prenderá para sacarlo del pozo en el que se encuentra. La investigación de diversas cuestiones sobre los componentes supondrá un cambio en su rutina y el encuentro con Cata la desestabilización total de su mundo.

Todo esto que te he contado ocurre prácticamente al comienzo del libro y la intriga va haciéndose cada vez mayor porque a medida que van investigando Cata y Miguel sobre Carolina y los demás miembros de grupo, más incógnitas se les presentan y no son conscientes del peligro que puede suponer remover el pasado; a ello tendrán que sumar el lidiar con sus propios problemas, con la conexión que sienten y con lo que están dispuestos a arriesgar. No solo la intriga está muy presente, también la voluntad por querer cambiar las cosas a través de los personajes del pasado, que luchan contra la falta de libertad, la represión y la arbitrariedad de algunas decisiones que condicionaban vidas.

De verdad que podría seguir y seguir porque este libro da para mucho. Cómo te sorprenden las conexiones existentes, hay sorpresas, las historias secundarias darían para su propio libro, los tiempos tan adecuados en el desarrollo de las relaciones y lo bien tratados que están los temas referidos a la psicología de cada personaje, por poner algunos ejemplos como la culpa, estrés postraumático o la adicción. Los puntos álgidos y de mayor tensión, sobre todo en el pasado, se acercan casi a las novelas de espías y casi puedes sentir el peligro. Un final emocionante, sin ninguna duda, que podría considerarse un principio por lo que supone para cada personaje. 

Partiendo de un hecho histórico real, como fue la visita de los Beatles a España en 1965, Anna entrelaza las historias de personajes ficticios de diversa procedencia a quienes les ocurren cosas que bien podrían estar basadas en hechos reales, que tiene que luchar activamente por una libertad negada durante tanto tiempo y les pone a prueba a muchos niveles. Elementos como la juventud, la playa, la música, el amor, la culpa, el miedo pero también la decisión por alcanzar la ansiada felicidad, en muchos momentos tan lejana, los vas a encontrar en este libro; una familia creada a través de vínclulos irrompibles y situaciones que provocan una separación que parecía interminable; conexión irresistible e irreprimible que traspasa las páginas del libro tanto en el pasado como en el presente. De diez.